Rupturas de verano junto al mar.
Acabamos el período vacacional de verano intenso en familia… E iniciaremos las rutinas de temporada laboral y escolar.
Según mi experiencia profesional, durante el periodo posvacacional algunas parejas que ya no estaban bien toman conciencia de su malestar.
Tras el verano, muchas personas constatan que su relación no va bien y, según se actúe, puede acabar en separación o con una relación reforzada.
El verano es una época del año en la que ponemos muchas expectativas, pero, cuando eso no ocurre y el calor desaparece, empezamos a darnos cuenta de que tal vez la situación es más grave de lo que imaginábamos.
Una crisis de pareja suele ocurrir cuando hay conflictos sin resolver o ansiedad acumulada y ninguna de las dos partes se siente preparada o con fuerzas para solucionarlo. Con el tiempo, si la comunicación o la solución no llegan, la pareja se va distanciando y puede llegar a romperse la relación de la estructura familiar llegando a la separación o divorcio de facto, sin nombrar lo que conlleva un proceso judicial contencioso a niveles emocionales para la estructura familiar.
A lo largo de la relación, todas las parejas atraviesan una serie de fases que generan situaciones particularmente complicadas que pueden dar lugar a conflictos.
Desde el Modelo Sistémico de Terapia Familiar, por ejemplo, se hace referencia a seis etapas en las cuales es más probable que aparezca una crisis:
1. Formación de la pareja y noviazgo, hasta el nacimiento del primer hijo.
2. Nacimiento del primer hijo, hasta la inclusión del último en la escuela.
3. Desde la escolarización hasta la adolescencia de los hijos.
4. Desde la adolescencia de los hijos hasta el abandono del hogar familiar.
5. Fase post-parental, en la cual puede aparecer lo que se conoce como “síndrome del nido vacío”.
6. Retiro de la vida laboral activa.
¿Seguramente en nuestro ciclo de vida, nos identificamos en una de estas etapas y tal vez no sabemos como superarla?
“Lo más importante es saber que la relación no está bien, hablarlo y querer solucionarlo conjuntamente.”
A pesar de todo, la crisis no es negativa en sí misma. Es cierto que, por una parte, encierra cierta dosis de peligro y angustia, pero, por otra parte, también representa una oportunidad. Cuando una pareja pasa por una crisis suele vivir momentos de confusión, ya que las estrategias a las que había recurrido hasta el momento dejan de ser eficaces.
Buscar ayuda profesional y querer superar la situación, así como “Transformarla” debería ser una máxima para la pareja y familia.
Es básico tener un espacio para uno mismo. Primero debemos estar bien con nosotros mismos para poderlo estar en pareja y en nuestra estructura familiar.
Es importante a) identificar el proceso emocional y de actuación ante la ruptura y el divorcio al mismo tiempo y “No” hacer ver que los problemas no están ahí… b) Potenciar los hábitos que refuercen la inteligencia emocional, la comunicación positiva.
En esta misma línea, otras consecuencias observadas en los hijos tras la exposición a conflictos maritales son: alteraciones en el estado anímico, sentimientos de inseguridad, impotencia o aislamiento, irritabilidad y agresividad, afectación en la autoestima y el sentimiento de valía personal, confusión, descenso de la concentración y rendimiento.
Las crisis de pareja no implica necesariamente que se vaya a producir una ruptura sino puede ser una oportunidad en que la relación se consolide “transforme” de forma positiva para la estructura de familia.
De hecho, la humildad es fundamental para que una relación funcione, no se debe juzgar al otro asumiendo una postura de superioridad, sino que se debe de trabajar en esas características personales que impiden que la relación funcione.
Después de todo, la pareja también implica una oportunidad de crecimiento mutuo.
Por lo contrario, las relaciones terminan por muchos motivos, sea cual sea la razón, terminar una relación puede ser muy difícil.
La mediación familiar, donde una tercera persona neutral (mediador o mediadora profesional) os ayudará a alcanzar acuerdos para reorganizar vuestra relación como progenitores, a clarificar e identificar los intereses en común y a negociar acuerdos satisfactorios para toda la familia, en especial, para vuestros hijos e hijas.
El objetivo es encontrar la solución más beneficiosa para todos los miembros de la familia ya sean incluso abuelos y tíos.
Como mediadora procuro obtener la máxima información posible sobre cuál es la situación familiar actual y sobre cuáles son las circunstancias que han llevado al planteamiento de separación, según la interpretación legítima de cada uno de los participantes en la mediación.
Según va avanzando el proceso emocional, en la siguiente fase se va a establecer una negociación sobre todos aquellos temas que hay que se van a abordar en este tipo de situaciones con la finalidad de llegar a un punto de encuentro consensuado entre los participantes en la mediación.
Esta segunda etapa únicamente se iniciará en el caso de que ambos miembros de la pareja están seguros de querer seguir adelante para transformar la situación conflictiva o bien para redirigirla a una posible separación o divorcio.
«En las situaciones de separación es importante conseguir que el componente emocional intenso que los progenitores viven como consecuencia del proceso de elaboración de su ruptura, no les incapacite de forma permanente en el ejercicio responsable, compartido y adulto de la parentalidad positiva.»
Se trata de no crear barreras insuperables, en los momentos más álgidos del conflicto provocado por la separación, que impidan ejercer la responsabilidad parental de forma compartida en un futuro.
Cuando hablamos de responsabilidad parental positiva hacemos alusión al “conjunto de conductas parentales que procuran el bienestar de niños y niñas y su desarrollo integral desde una perspectiva integral de cuidado, afecto, protección, enriquecimiento, seguridad, y no violencia, que proporciona reconocimiento personal y pautas educativas e incluye el establecimiento de límites para promover su completo desarrollo, el sentimiento de control de su propia vida posibilitando alcanzar los mejores logros tanto en el ámbito familiar como en el académico, con los amigos y en el entorno social y comunitario”. (Recomendación del Consejo de Europa sobre Parentalidad Positiva REC (2006) 19).
Cualquier cambio familiar afecta a niñas y niños. La ruptura parental conlleva un proceso de adaptación que puede ser más o menos largo y difícil para ellas/os. Todo depende de la forma en la que los progenitores encaren su relación parental una vez producida la separación.
Es necesario tener en cuenta que los hijos y las hijas nunca deben ser considerados demasiado jóvenes para poder tener una explicación sobre la separación de sus progenitores. Las niñas y niños con edad suficiente para reconocer la existencia individualizada de cada uno de sus padres deben ser informados sobre la separación.
Con frecuencia, los niños y niñas no manifiestan abiertamente su aflicción, ni son conscientes de los cambios que va a suponer para ellos la nueva situación. Por ello, los padres deben de ser claros y concisos a la hora de explicarles lo que va a pasar, y hacerlo de manera que lo puedan entender. El modo variará según la edad, la madurez y comprensión de cada niña o niño, pero, sin duda, lo peor que se puede hacer es mentirles, intentar que no se enteren o no hablarles del tema.
La explicación de la separación a hijas e hijos es un momento muy duro, por ello es habitual que surjan innumerables resistencias que deben ser vencidas mediante una preparación conjunta de ambos progenitores.
Como Mediadora especializada en esta materia, no hay mejor recomendación que encontrar un espacio de escucha activa, calma ante el conflicto y sobretodo respeto al prójimo.
Mercè Pomar
Abogada y Mediadora
contact@mercepomar.com
