El acoso laboral y el estrés crónico laboral están cada día más presentes en las instituciones y organizaciones.

Contra las problemáticas psicosociales, partiremos de la premisa de que el nivel de tolerancia debería de ser 0 y denuncia. ¿Pero cuál es la realidad actual respecto lo desarrollan de los planes de prevención según normativa?

Estas deben prevenir y atender las problemáticas psicosociales como: el mobbing, burnout, acoso.

La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (OSHA) ha definido el acoso psicológico laboral como «un comportamiento irracional repetido respecto a un empleado oa un grupo de empleados, que constituye un riesgo para su salud y seguridad».

La primera impresión a la hora de abordar esta problemática psicosocial en las Administraciones Públicas es de sorpresa, ya que nadie habla de una manera directa, pese a lo desarrollo de la legislación y las distintas guías que han sido publicadas.

¡Desde la perspectiva política más actual! Se conoce en primera persona la importancia de las problemáticas psicosociales y la forma en que afectan al tejido social, la Administración no debería de olvidarse, ya que hay casos de acoso laboral significativos que deben entenderse por poder actuar y conseguir erradicarlos.

Las consecuencias de una actitud hostil a la dignidad moral y laboral de las personas puede provocar a muchos trabajadores un estado de malestar psicofísico y social significativo, que se agrava cuando es la propia Administración pública -que es la que debe velar por el bienestar de sus trabajadores— la que provoca este grave problema psicosocial.

En su génesis concurren numerosos factores, entre los que destacan:

1.-Las personalidades de los actores, tanto del acosador/a (miedo, envidia y, básicamente, necesidad de dominar) como del acosado/a (autenticidad, vulnerabilidad y, sobre todo, necesidad de sentirse valorado).

2.-Factores que dependen de la organización del trabajo, los cuales son casi imprescindibles para que se den casos de acoso psicológico en un entorno laboral.

Los más importantes son:

– El control de la información por parte de la dirección.
– La cohesión de grupo, que dificulta la aceptación de miembros con ideas diferentes.
– Poner el poder y el control por encima de la efectividad.

Pasados varios meses de acoso, los síntomas de estrés, que al principio de la agresión estaban indiferenciados, se convierten en trastornos físicos y psicológicos manifiestos.

El acoso psicológico deja huellas indelebles, que pueden ir desde el estrés postraumático hasta el cambio duradero de la personalidad de la víctima.

Algunas de las consecuencias específicas son:

-La culpa.
-La vergüenza y la humillación.
-La pérdida de la autoestima.
-Las modificaciones psíquicas: depresiones y neurosis crónicas, rasgos paranoicos.
-Las modificaciones de la personalidad: rasgos bipolares.
-Trastornos psicosomáticos: cansancio crónico, dolores de cabeza, úlceras de estómago, alteraciones en la piel…

La exposición a conductas de violencia psicológica dirigidas, de forma reiterada y prolongada en el tiempo, a una o más personas concretas por parte de otras personas que actúan desde una posición de poder (no necesariamente jerárquica) con el propósito o el efecto de crear un entorno intimidador que perturbe la vida laboral de la víctima. Esta violencia, enmarcada en una relación laboral, implica tanto un atentado contra la dignidad de la persona como un riesgo para su SALUD SOCIAL.

Todas las personas tienen derecho a recibir un trato respetuoso y digno, a la salud en el trabajo, a ser tratadas con igualdad y en no sufrir ninguna discriminación en el puesto de trabajo. Las administraciones tienen el compromiso de erradicar las situaciones de acoso en el entorno laboral y profesional público.